2. Francisco Mariani

Fran, increíble combinación genética de idealismo Mariani con inquietud Neiman. Empeñado hasta la obstinación en tener una vida feliz, trabajando, ayudando a los demás y rodeado de su familia y amigos. Generador incansable de ideas y proyectos. Archienemigo de la falsedad, las únicas cosas que le quitan la sonrisa son la traición y la ambición materialista. Amigo de confidencias mutuas. Ayuda en los momentos precisos, siempre dispuesto a inventar algo. Camarada.
Lo conocí a partir de Carlos, su padre. Compartimos una temporada en ESPN y pronto pasó a integrar las cenas de “Les chevaliers de la table ronde”. Luego, siguiendo su instinto migratorio, partió hacia sus propias aventuras: “One Over” “Fly cast America” etc. Conociendo su gusto por los salmónidos en general y por la pesca en particular, no es de extrañar que admire las vidas de aquellos que nadan contra la corriente y que son su fuente de inspiración permanente. Fran: Tremendo amigazo. Amante de la naturaleza e incansable en la aventura de disfrutar la vida.

Pez de mar y de río.
Pasamos en un taxi sin escalas de el Hotel Alvear al barrio chino: de uno de los lugares más elegantes de la ciudad al bullicioso mercado lleno de colores y olores. En la pescadería donde abundaban ejemplares de nombres impronunciables, eligió un lenguado pequeño que fue fileteado con maestría por el pescadero. Unas limas, camarones crudos, mango, ciboulette y poco más.

En casa me enseñó a hacer un cebiche (ceviche, cebiche, seviche o sebiche), lo preparaba mientras hervía los camarones para el primer plato y me ponía a trabajar (exprimir limas, pelar camarones etc.).


El menú: Un “dip” de papas fritas y galletas con queso blanco y ciboulette. Entrada de langostinos y Cebiche de lenguado y mango. Quilmes del almacén de Osvaldo y Marcus Merlot. Todo aromatizado con U2.

Fieles cultores de la “naturaleza dispersa” hablamos de todo: Los Mariani, su proyecto de vida, su trabajo, sobre los cambios de los últimos tiempos en nuestras vidas y los siguientes que nos esperan. Sobre todo de la palabra DECISION.
Sobre el final llegó Juli, su mujer, a la que él le enseñó la casa, se llevaron el cuadro del pescador que terminé en Córdoba para llevarlo otra vez a 100 metros de donde lo empecé en Recoleta.


1. Cristian Gabriel Raineri

Amigo desde mediados de 2007, cuando cursaba “Política” en la facultad, abrí una cuenta de Flickr y encontré personajes de la fauna más variada. Luego Cristian, con sus humores compartió conmigo y otros delirantes aventuras y encuentros del grupo “Tu foto más pedorra”. Entre almuerzos y reuniones varias, compartimos estos dos tumultuosos años de nuestra vida y conoció los tres departamentos en los que viví este último. Extraña mezcla de obstinado, alegre, atribulado e inteligente, Orzo tiene su estilo pero se supera en cada foto, en cada sesión (que para el son su terapia).

Lo bueno, si breve.
Como suele ocurrir con las primeras veces, casi todo es improvisado, se inventa sobre la marcha. Aprovechando su invalidez temporaria y su paciencia para aceptar ser el primero y conejillo de indias de este experimento, el manco se hizo presente con demasiada puntualidad. No había nada preparado así que lo armamos en el momento.

El menú: Pizza cuatro quesos, empanadas irreconocibles, Coca-Cola y Warsteiner.

Rodrigo (mi hijo mayor) se quedó en casa a charlar con nuestro amigo. Tratamos, entre los tres de descifrar la tarea de Rodrigo: Fotografía matemática. Expresar en fotos que la matemática está en las cosas cotidianas. Hablamos de Fibonacci, la sección áurea, Pi, arquitectura masónica, columnas griegas, recordamos algunas de nuestras fotos y le prometimos a Rodrigo enviárselas como ejemplo de lo que no hay que hacer.
Cristian recorrió la casa con alegría de amigo y entre consejos eléctricos sonó en teléfono: Mi hija menor saltaba como de costumbre pero se había caído y se había lastimado el mentón. Esperamos a que llamaran desde la clínica y ante la noticia de que requería sutura dimos por concluida la primera “cena de los martes”.
Fuimos a verla y a contarle anécdotas de mis cicatrices en las manos, mentón cara y cabeza para que se relajaba y se riera un poco, así le dio cuatro puntitos una cirujana plástica como colofón de una noche inolvidable.

(*) Esta vez no hay fotos por razones obvias.