28 - Nuni

Nuni no tiene segundo nombre, su Inés es una simple formalidad.

Es decididamente ella. Personalidad plena, tranquilamente ella. Decisión y dulzura a la vez, quizá pueda explicarlo, lo intentaré.

Inés tiene un talante osado, esa osadía curiosa. No ve, mira, no oye, escucha. Nuni toma nota en silencio hasta que dice (no habla, dice). Cuando dice es sentencia, precisión nítida de lo que piensa.
Por poner un ejemplo, no acordamos mucho de este martes hasta 3 horas antes, pero ella sabía qué cocinar y como. Apenas habíamos acordado en “mejicano”

Se plantó en la cocina como experta que resultó ser, con esto quiero decir, a dos fuegos.
Pollo en uno, carne molida en otro, dos recetas a la vez y con una soltura de Chef. Nos decía qué hacer y como picar la cebolla para cada cosa, una para el pollo, otra para la salsa y nada para la carne.
Sentarnos a comer fue, de verdad, un alivio. La actividad que puso en la cocina era industriosa. Seis manos poniendo, sacando, ordenando, limpiando, sirviendo, seis manos en permanente acción, pero Nuni no dice “sacalo” ella opta por el “ya hay que sacarlo” o el más Elordi “yo lo sacaría”, un Tubert diría: “yo ya lo hubiese sacado”, sutilezas.

Inés, quizá no lo sepa fué mi primer bebé. Un día Irene me hizo la escena: - teneme, dijo. Y puso en mis brazos a una criatura diminuta con ojos chinos. Fué el primer bebé que tuve en brazos. Su madre me dijo luego - para que te vayas acostumbrando a la idea. Meses después llegué a su casa la tomé en brazos y tocó mi barba, me dijo en sus primeras palabras a mí: - Guaguau. Para ella, pelos en la cara era “perro” así que por mucho tiempo tuvo un tío canino.

Llegué a casa con diez bolsas pensando en que era tarde, pero ella ya estaba allí, cuando abrí la puerta ya conocía todo (tampoco es mucho recorrido)
Pronto nos pusimos a trabajar en sus recetas mejicanas de pollo y carne. Cada una con sus bemoles. Hablando de bemoles y sostenidos, es menester decir que mi sobrinita es un genio de la música. Es natural, espontáneamente musical. Sobra que explique que toca el vals de Amélie mejor que Tiersen o el saxo o que enseñe música a niños que apenas entienden el ritmo.

- Rodrigo! picá la cebolla finita para esto, gruesa para eso. El pollo en cubitos, la palta así, el tomate más chico, Nacho: aceite de girasol acá, prendeme esa hornalla, mucha pimienta en la salsa de queso blanco.
Inés, como habrán leído, es de una dulzura decidida. Piensa mucho, con lo cual tiene muchos silencios, hasta que dice. Cuando habla es sentenciosa, no es una opinión espontánea, no... de ninguna manera, Nuni no es es espontánea. Lo pensó mil veces y te conviene haber estudiado el tema porque te refuta con un simple “no es verdad” que ya pensó desde mil ángulos diferentes. El problema con ella, ya lo anticipé, es que es sensible e inteligente a la vez. Eso se llama LUCIDEZ. Eso es! Lúcida.

El pollo quedó tan bien que ni el recuerdo dejamos. La carne con champignones era espectacular. Con Rodri nos mirábamos preguntándonos de dónde había sacado todos estos saberes... ruesulta que es que su novio comparte con ella la curiosidad culinaria.

Resulta que Andrés es hijo de la hermana de una amiga que es la mamá de una compañera de la primaria y por eso lo conoció y ahora Andrés llamó y estaba con nosotros... clarísimo, ¿no?
Cenamos tan rico que se nos pasó el tiempo, ese tiempo en que el madrugador de mi hijo dijo “buenas noches” y nosotros exploramos el iPod de ella buscando novedades. La noche se nos hizo tan corta que nos sorprendió la madrugada hablando de radiotaxis.

Menú: Burritos de pollo y carne, nachos y salsas. Música variada random. Coca Fernet y Sprite.

 Casi ni hablé de ella asta acá. Les cuento, es una dulzura. Tiene una manera de ser que contagia tranquilidad, hasta que se le pone por delante la decisión y lo hace. Hace que hagan. Luego vuelve a su estado meditativo en el que es capaz de estar días leyendo.

Savater decía que leer es vivir las vidas de otros, con lo cual Nuni nos lleva varias vidas de ventaja. Ahora me entero que estudia lo que es una de sus vocaciones: letras. Qué será de su música? lo sabremos otro martes o miércoles de estos, no se nos escapará otra vez. Porque tiene dos padres adorados por mi* que nos darán cuenta de ello.

Nuni es de esas personas de las que no necesitas estar al tanto permanentemente. Vive en su tiempo que no es el tuyo, vive en su planeta que no es el tuyo. Su respuesta al cómo estás es "bien" y a uno le cuesta asumir que es verdad. Nuni fluye y esa, la primera bebé que alcé en mis brazos es así: alegre, curiosa, inteligente, linda y tenaz, cosas que envidio de ella... sin contar su iPod Touch.

(*) Espero presentárselos un día).


27. Juanadolfo (todojunto) Riera


Siendo 25 de mayo, mientras la argentinidad festejaba el bicentenario de cierta revolución que nunca ocurrió, lo que a mí sí se me ocurrió fué celebrar mi pasado colonial. No me culpen, soy hijo de españolísimos padres nunca bajados del todo del barco. 

Algo extraño pasa con mis recuerdos de mi más temprana infancia: me acuerdo de demasiadas cosas. A los cuatro o cinco años mi familia se mudó del lugar en que vivíamos y dejamos de ver a aquella gente, sin embargo recuerdo a muchísimos de ellos, recuerdo los lugares, los olores, colores (incluso sabores) de aquella “Colonia Ricardo Gutiérrez” en la que vivíamos.

Intento describir rápidamente aquello para que Ud. lector no se aburra en detalles: Era un conjunto de hogares de menores (huerfanos o de familias con problemas) en los que vivían, estudiaban y aprendían oficios. Para sostenerlo  había una pequeña aldea con todo lo que necesitaba, un teatro del tamaño y calidad del Cervantes, un polideportivo, panadería, matadero, carnicería, taller de alfarería, usina eléctrica, vivero, iglesia piletas de natación, un arroyo. Los empleados, que eran muchos, tenían sus casas allí y vivían con sus familias integrando la población estable de esta pequeña aldea. Además había campos que se cultivaban, huerta etc.
Por una razón que desconozco, muchos de los empleados eran españoles y habían llegado en el año 1960, mis padres con ellos. Así formábamos una comunidad de padres españoles a la que se iban agregando hijos argentinos como yo.

Recordar el pasado no lo trae hasta aquí, te lleva a él.
Ni la sorpresa de los tostones ni el Nestea venezolanos desviaron el hilo de los recuerdos. El lugar era idílico, vivíamos junto a un bosque cerrado con un “castillo” que en otros tiempos había sido una estancia y un parque con una variedad insólita de plantas y árboles. Los niños jugábamos entre comadrejas, grutas artificiales con fuentes escondidas en la maleza, un colectivo abandonado hacía de refugio, los lagartos se corrían a pocos pasos de llegar a ellos por el sendero, fabricábamos cosas, nos trepábamos a todo y Juanadolfo tenía un lugar ideal para sus excéntricas actividades como pescar tortugas o disparar las armas que él mismo fabricaba.
Anoche hablábamos de eso, de lo que para mí fue una infancia feliz, donde nuestros padres se reunían siempre a jugar a las cartas, cantar canciones de su tierra y coleccionar anécdotas que luego serían la columna vertebral de nuestro folklore familiar.

Menú: Choripanes marcospacenses, ensalada Madalena, Bondiola juanadolfa, papas fritas ringas y Luigi Bosca Merlot 2007, sellado con Arroz con leche colonial y Ella morcilla.

Juanadolfo llegó con Lili, su mujer. Los dos sonrientes y cargados de sorpresas. Los prometidos chorizos marcospacences, pero además un par de vinazos y... un cuchillo de regalo! yo pensé que el creía que yo no tenía en casa y lo trajo para hacer el asado, pero no, era para mí!
Juan, Juana, Juanadolfo, Juan Adolfo, es gracioso aunque no se lo proponga, capaz de contar cómo casi mata a Pepe, su padre, con un artilugio explosivo, o su historia excentrica y creativa. Sus maquetas, sus aviones de aeromodelismo. Lo increíble es que Lili lo aguanta así como es, se ríen de sus locuras.
Claro, a los cuatro años yo no tuve tiempo de desarrollar mi capacidad de hacer tanto lío, fueron mis hermanos quienes casi incendian el bosque y los que construyeron cabañas de chapa, yo me limitaba a coleccionar cicatrices y ver las barbaridades de aquellos salvajes. 

Anoche recordábamos mientras Rodrigo y Marcelo miraban azorados por el relato de aquellas proezas mientras Juanadolfo, Lili y Rodrigo hacían el asadito en el “chulengo” nuevo.
Luego de atiborrarnos de sabores de asado, ensalada, papas fritas vino el postre de Mada: Arroz con leche. Típico sabor de aquellos tiempos. 

Es maravilloso comprobar que aquel Juanadolfo, Mada y todos aquellos que compartimos ese paraiso aún lo llevemos con nosotros. Nuestros padres construyeron una familia grande para ellos y sus hijos, a falta de primos, tíos y abuelos teníamos a los Riera, los Delgado, Parra, Pisonero y muchos más, teníamos gallinero, bosque, amigos, salidas, sabores típicos españoles en medio de un lugar tan raro que no acabaría de describir en cien miércoles.
Ya estamos grandes, algunos ya no están, pero de todos guardamos aquel recuerdo feliz. Que no era de vecinos sino de la gran familia que seguimos siendo.

26. Fede Pérès

Desde el primer día somos viejos amigos. No sabemos como ocurrió. Opinamos bastante parecido de algunas cosas pero lo contrario en otras, eso hace a nuestras conversaciones interminables. Dicen que los animales tienen una percepción especial con las personas. Nina no es una excepción. Ayer, al llegar se puso inmediatamente a jugar con Fede. Se subía a su regazo. Por suerte le gustan mucho las mascotas porque ya me ponía incómodo que mi gata estuviera tanto en el medio.
Federico no quiso cocinar ni que yo lo hiciera, para él era una excelente oportunidad para volver a hacer lo que hacíamos con frecuencia hace unos años.
- Che, ¿que vamos a cocinar?
- Birra.

Con esa respuesta supe que el menú sería de “La Yapa”, la parrilla regenteada por Ringo y que la cerveza correría por cuenta del almacén de Osvaldo. Asado para él, “milanga” para mí.

Federico es de pocas palabras, de esos del comentario breve, de risotada difícil. Pero es cultor apasionado de la buena charla, de bueyes perdidos, de opinión medida. Correcto y respetuoso por fuera, no delata su interior de barrio hasta que entra en confianza o si tiene una guitarra cerca. Extrañamente, nos conocimos en ESPN, nunca nos habíamos cruzado antes aunque él viviera siempre a 50 m de Santa Helena (la parroquia donde iban mis amigos de adolescencia) a metros del anfiteatro en el bulevar de los sueños rotos en Cerviño. Mientras que yo fuí al Colegio San Ambrosio y él al San Martín de Tours compartimos a Amasino, profesor de música, así que a el también le preguntaron con voz potente: - ¡¿Finalidades de la música?!

Viajamos en tren desde el trabajo, allí comenzó nuestra charla y fuimos directo a ver a Nina, Rodri ya estaba ahí con su bicicleta nueva y zapatillas viejas. Estuvimos un rato pero salimos a comprar nuestra cena antes de que todo cerrara.

Mequetrefe enclenque.
“Fede Pérès vende tevé en ESPN. Lee en el verde cesped en vez de entretenerse en pequeñeces. En él, vencer el estrés es tener temple, él es decente, creyente” cosas como estas nos escribíamos hace tiempo, como felicitarnos los cumpleaños con frases con “e” como: Merecés este presente, que festejes (celebres). Cosas que parecen una rareza con Fede son naturales. Como las poses de suricata alpinista que ponía Nina para que él le diera algo de su asado.

Hablamos, nos reímos como Statler y Waldorrf, los viejos del palco de los Muppets. De todo lo que, como nunca, me contaba. In vino veritas (cerveza en este caso) me puso al corriente de los próximos pasos en su vida, su casa nueva a la que se mudará a fin de mes, su perro Muro, las mascotas y su familia, siempre con esa seguridad que siempre muestra en su forma de hablar. Y con ese ánimo me dio una lección de amistad que voy a seguir al pié de la letra. Porque Fede tiene mucho que enseñar sobre lealtad y fraternidad, es amigo de vocación.

Menú: Asado de tira, sandwich de milanesa completo, papas fritas, Warstainer y Ella Fitzgerald.

Noté que ahora hablamos de cosas distintas, antes solíamos alternar temas de navegación (es fanático del mar y las velas), cosas breves de filosofía e historia, de los libros. Incluso llegamos a comprar libros para leerlos los dos (Los reyes malditos y Los reyes católicos). Hablábamos también un poco de política. Poco porque estamos en lugares opuestos pero no muy lejanos de la ideología. Ayer casi no tocamos ninguno de esos temas. Será que ahora los dos estamos con planes y proyectos y preferimos discutirlos, muy diferente a la situación en la que nos conocimos, los dos estabamos "estables" mirando el pasado y el presente. Ayer los dos mirabamos el presente pero proyectando futuros diferentes.

Así que este es Fede, invitado desde el principio, primero no pudo por su agenda, luego porque ya había otros confirmados, después las vacaciones... pero llegó el día y poder cumplir un deseo, como siempre, lo que no devió haberse interrumpido, charlar con un viejo amigo.

25. Atu.

¿Con quién, si no es con ella, podría hablar por horas sobre mi románico gusto arquitectónico? No le contaría ella a sus padres lo que podría contarle a su tiísimo, ni yo hablar como con mi sobrinísima Andrea lo que a la mayoría no le contaría. Es que nos conocimos y supimos que jamás nos entenderíamos pero aceptamos siempre asombrarnos mutuamente.

Tenía un año, ofrecí dibujarle lo que quisiera, “mahman” me dijo. - qué? le pregunte a Ceci. - Batman tío, ¡Batman!. - ah, claro, ya va. Dibujé un Batman gordo y se enojó. Esa pequeñaja rubiecita tenía la mirada de hoy, difícil de sostener, porque no ve, mira, y ni mira, observa. Cuando Atu te mira, no eres visto sino escaneado.

Que le guste el gótico en contexto histórico no es para mi una sorpresa. Que para ella los edificios que juzgo incomprensibles le parezcan góticos si. Por la luz, la abundancia de luz. Qué el ignorante común juzgue lo gótico como oscuro no es novedad, que mi sobrina comparta la opinión de que todos se equivocan sí. La luz del vitral, la magia de las estructuras desnudas, los pesos y las no paredes. Es la segunda vez que hablamos de arquitectura, la segunda vez que puedo blasfemar contra Le Corbusier a gusto, perdonar a Bonnet, y despotricar contra Testa.

Aunque compartíamos la discresión desde siempre, me he puesto más viejo y me permito hablar de mi amor, ella no. No confiesa novio alguno, ni paquistaní siquiera. Hoy el rumbo de sus oportunidades y decisiones la han llevado a Alemania, a la cuna de la Bauhaus, beber de la fuente de grandes maestros, compartir un día a día políglota, con un inglés medio de taxista neoyorquino, aprendiendo polaco, alemán, checo y todo lo que allí puede aprender como la esponja que siempre ha sido. Esa curiosidad y sed es la que siempre nos ha unido.

No es original el que no imita a nadie, sino el que nadie puede imitar.
Profundamente Elordi en la contemplación, en disfrutar el momento con una sonrisa, discreta, en un rincón, disfruta más que el que toca o el que baila. Andrea, bautizada Atu por Micaela, por no saber decir Andru, es mi sobrina de ojos juiciosos, sonrisa indeleble y pensamientos impredecibles.

Comenzamos intentando hacer lo posible con las papas. Un poco desarmadas pero domesticables. Ella las acondicionó de tal manera que parecían papas. Yo inventé una versión de salsa de mayonesa, aceite de oliva y el toque de mostaza que Alé me dijo. Hecho esto y cortados los pepinos, llegó Rodri a saludar. Ahora, a la hora que se duermen los trenes, me di cuenta de lo grandes que están los dos. Maduros y llenos de futuro ambos, una estudiando arquitectura en Alemania, el otro recién inscripto en la universidad para lidiar con la química.

Menú: Salchichas alemanas a la plancha con ensalada alemana de papas, Warstainer y jazz variado.

Ella terminó todo, huevos duros picados incluidos, copas alemanas de cerveza obligados, pepinitos cortados, no más sal que la justa, nada de pimienta, jazz de fondo en honor a su padre, casi todo listo.

Tocaba el turno de las “salchichensen” a la plancha. Ningún misterio más que darlas vuelta y a comer. ¡Qué delicia! No, no, el menú no, las cosas que me contaba mi sobrina. Sobre la Bauhaus, ciudades como Siena, amigos italianos egipcios, polacos checos, rusos, chinos, indios... qué maravilla.

¿Cuánto hay que esperar para que tu sobrinita se transforme en una mujer tan bella por fuera como por dentro? Nada. Pasa. Me pasó anoche. Le pregunté algo a Atu y me respondió una mujer decidida, con planes de trabajo, de universidad, no de estudiante sino de arquitecta. Tiene una visión de las cosas. No estaré de acuerdo sólo para seguir discutiendo la próxima vez, porque nos encanta. ¿Con quién si no es con ella? Discutir sobre Klimt, los defectos visuales de Gauguin, o Monet. ¿Con quién declararme judío gastronómico? Con Atu. Mi sobrinísima adorada.


Próximo Martes, reapertura.


Cuando no veas la salida,
Cargado originalmente por Ignacio Sanz
Luego de una breve temporada de reformas, arreglos y modificaciones en la casa, vuelvo con mis acostumbradas cenas de los Martes.
Ya con heladera nueva, cocina pintada, reubicación de algunas cosas, luces funcionando en la cocina, ventilador de techo instalado y varias cosas más que no se verán puedo reanudar este saludable pasatiempo y compartirlo con todos ustedes.

Espero que no se hayan olvidado de mí tan pronto. Vendrá mi sobrinísima Andrea, es ineludible porque luego regresa a Alemania a seguir estudiando.

Gracias a todos los que me escribieron reclamando sus cenas y mis relatos. Lo extrañaba yo también, pero estaba muy entretenido haciendo todo esto.

Nos vemos el miércoles.


P.S.: Atu, ya hay timbre.

23. Ana Micaela Bellotti (doble ele doble te)

- Micaela.
- No, no me gusta que me digan Micaela.
- OK, Ana Micaela.
- No, ¡peor!
- ¿Y cómo querés que te diga?... ¿Ramona?

Así es como Mica se transformó en Ramona, Ramonita después y Raimunda ahora. Como un juego, en el que yo pasé de Nacho a Ramón, Ramonete y Raimundo. Es que ella adora jugar, no congenia con aquellos que viven la vida como en “El día de la marmota” ceñidos a la rutina y escuchando todos los días la misma canción...  La de arriba fue nuestra primera conversación, extraño. Ella empezaba a trabajar conmigo y había sido elegida por las ganas que demostraba. Porque en ella era mucho más importante lo que podía hacer que lo que ya había hecho. Lo que podía aprender que lo que ya sabía. Y así fue. Hizo y bien, aprendió y pedía mas tareas, cosas que la entusiasmaran, que fueran divertidas, como lo es ella.

La felicidad es naranjita
Tiene una risa que contagia y te hace reír, tanto que además de que provoca hacerla reír todavía más. Por eso de que en las oficinas reirse no es bien visto, porque es tomado como una distracción, nosotros nos cebábamos más. La conocí el 1ro de abril de 2008, uno de los días más difíciles de mi vida, y aún así empezamos a reirnos y no paramos hasta ahora. Se transformó en cómplice de mis historias, le conté sobre mi amor, ese mundo tan original y lleno de códigos, misterios, números, colores, canciones, hojas de árboles y quedó maravillada. Lo primero que me dijo es: ¡Yo no tengo eso! Luego todos los días llegaba y preguntaba: - ¿Cómo está Naranjita? ¿Qué cuenta la cuchi?

Pero sobre todo jugar. Yo hacía todas las tardes la pantomima de un programa de bricolaje reciclado, en el que imitaba a un ceceoso, un poco amanerado, que hacía adornos horrorosos para la casa y nunca reciclaba nada sino que pedía que la audiencia comprara las cosas nuevas. Jugábamos al tejo con mi iPhone y mil otras cosas.

Ahora trabaja a tres cuadras, así que me pasó a buscar por la oficina aprovechando para saludar a sus viejos compañeros, porque Ramonita, Bellota, nunca se fue. Fuimos a un supermercado cuchi y al tren hacia Nuñez. Pero el tren nunca llegó se quedó antes de llegar a la primera estación. Logramos tomarnos un taxi y cuando llegamos recibí el mensaje de Alé que decía: “Taxi” - Oh! Es adivina, dijo Ramonita.

Estamos los dos a dieta: yo por comer más sano, cosas más acordes con mi edad que con mi estado civil y ella por esa maldita manía que tienen las mujeres de cuidarse y embellecerse cuando se separan, quizá con el afán de demostrar cuánto el otro se está perdiendo... Entonces, nada de cervezotas, vinazos, papotas, fideazos ni cosas calóricas. A cambio haríamos pollito, verduritas, honguitos. Quesito light.

Menú: Pechugas en salsa de queso y mostaza con wok de verduras y gírgolas al disco. Nestea de limón y cata Jelly Belly. Con música de Billo´s

Como lo que más hacemos siempre es jugar y contarnos nuestras vidas, eso hicimos también esta vez. Rehogamos las verduras en una avara ración de aceite cortadas en pequeño. Luego ella hizo el pollo aparte e inventó una salsa con queso crema y mostaza “a l´ancienne”. Cuando estaba concentrada en la tarea pude tomarme un minuto para dejar caer su cámara al suelo, así que seguimos con mi teléfono y con el suyo. Pronto estábamos en la mesa con nuestra segunda jarra de Nestea con hielo y reanudamos nuestras charlas de almuerzos que por primera vez se transformaron en cena.

Así que como nuestra charla no empezó hoy sino hace tiempo y como seguramente seguirá es difícil recordar de qué hablamos entre las risas sonoras y contagiosas de Mica. Nuestra cena terminó con el postre: degustacion de Jelly Belly de 20 sabores y a adivinar de qué era cada uno, así nos terminamos la segunda y última jarra de Nestea. Creo que entre los dos acertamos a todo aunque diferimos con los de lima-limón: para mí sabian a Pinoluz y para ella a Procenex. Los de popcorn con manteca eran sólo de manteca para nosotros. Y varios tenían sabor a sabor a algo. El taxi que la pasó a buscar porque no habíamos terminado de calcular qué día estaba entre el 11 de septiembre y el 3 de febrero. Yo esperaba que fuera el 11 de noviembre, pero resultó ser el 8. Que espere el taxista, nosotros no habíamos terminado ni de enviarle mensajes a Alé ni de reirnos ni de criticar a unos cuantos con ironía, a los infelices que no saben jugar o se olvidaron de hacerlo.

Hoy me reía sólo recordando nuestras charlas, nuestro trabajo, juegos y esa cosa tan loca de haber trabajado juntos un solo año y llevar ya dos de amigos, aunque ya no la escuche escribir con esos sonidos de murciélago encerrado, de llaves en el lavarropas, de cucaracha en una caja. que hace con el teclado. Raimunda es una excelente compañera porque no quiere ganarle a nadie, sólo quiere aprender todos los días, superarse, estar bien y cuenta conmigo para eso.


22. Gonzalo Zúñiga

Me recuerda a Marinetti, que en su Manifiesto maquinista declara que “un automóvil de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia”. Gonzalo es una máquina de dos tiempos: pasa de enfado silencioso a la risotada sonora sin solución de continuidad. De mirar dibujos animados a un concierto de Limp Bizkit. De dedicarse concentrado en hacer un mueble de madera a hacer lo que más le gusta en la vida: Nada.
Gonzalo no está para sutilezas. Le gustan las cosas francas y simples. Puede aburrirse también, pero no se aburrirá de aburrirse jamás, podría hacerlo por horas y disfrutarlo. No tiene esa urgencia tan moderna de la fobia al silencio, esa necesidad de estar permanentemente haciendo algo, consumiendo algo.

Res, non verba
No hubo luz en mi barrio ayer por la mañana así que no sabía si podríamos hacer nuestra cena. Pero al volver del trabajo lo llamé para confirmarle y a la salida de su ensayo con su banda de rock, vino a casa. Temía que las milanesas que habíamos planeado hacer no quedaran tan buenas como las de su madre pero como no había carne en el supermercado se solucionó todo, las compré rebozadas. Cuando llegó, nos pusimos a freirlas inmediatamente.
Luego hicimos una salsa de tomate sencillísima también, con la siguiente receta de familia: abrimos la lata. A la vez que nos dedicábamos a cuidar unas  papas fritas geniales y en su punto perfecto como sólo en el restaurante de enfrente saben hacer. Dicen que la comida al horno es mas saludable que las cosas fritas, así que pusimos a derretir el queso con el jamón al horno... de microondas.

Gonzalo es un tipo muy afectivo a la vez que reservado. No va a decir con palabras cuanto te quiere, lo dice con la atención con la que escucha, con ofrecerse para hacer cosas. No lo dice, lo demuestra. Por esa razón, todos lo sabemos, pregunta como estás esperando un gran relato, pero cuendo uno se lo pregunta a el dice: - mmmmm, ¿yo? mmmm bien.
Hablamos de mil cosas, pero sobre todo de su gran pasión, la música. Las grandes bandas de cuando yo tenía su edad siguen de gira, así que es mucho lo que tenemos en común. Pero no tengo de su musica preferida en mi teléfono, así que escuchamos blues, le mostré Jack Johnson y mucho más, hasta las 4 de la mañana escuchando música y charlando de pequeñeces sin demasiada importancia. Pero como es lógico, si en casa hay mucha música, hay pocas fotos.

El menú: Milanesas a la napolitana con papas fritas. Pepsi, Coca-Cola y Fernet con música para todos los gustos.
Jamás habíamos tenido tanto tiempo juntos y solos para hablar, así que tuve la oportunidad de escuchar las cosas de su vida, su colegio, las cosas que hacen hoy los chicos de su edad. Siempre contado con vehemencia apasionada, gesticulando a lo Pascual. Indignado por las cosas que veía de los chicos de su edad, sus vidas, las drogas, el desapego, la falta de compromiso, hasta el mal gusto criticó.
El es determinante en sus opiniones y gustos, no admite grises, le gusta o lo odia. Bostero fanático e irracional como todo bostero, no se puede ser un poco de Boca y como todos ellos, disfruta más una derrota de River que un triunfo xeneize, no hay explicación, no hay excusas, es así. Por suerte Boca perdió en estos días y no quiso hablar de fútbol aunque ya no me tenga de gallina desde que me pasé a Defensores de Belgrano. Aún así, aunque ya no pueda darle el gusto del gaste y sus carcajadas de bostero, se que Gonzalo siempre va a seguir demostrando lo que siente aunque sea con una trompada de cariño.